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Terrenos frente al mar y la regla de Los Tres Tercios

Por Mike Peniche García

 

El papá de un buen amigo mío me dijo hace algunos años “Dios nos ha regalado muchísima tierra, pero frente al mar muy poca, por eso la tenemos que aprovechar”. El comentario salió en medio de una plática en la que me revelaron que habían recibido como herencia un terreno de cerca de 40 metros frente al mar, entre Uaymitún y Telchac Puerto.

En efecto, el terreno hasta la fecha se encuentra cotizado a buen precio y se le han acercado muchos compradores, durante años no lo han querido vender porque independiente a que no tienen la necesidad, consideran que es un buen lugar para destinarse en un retiro no muy lejano.
Cualquier persona con mentalidad “bussinera” pensaría que es un desperdicio, la realidad es que ellos quieren darse ese lujo y se lo merecen. Además, tienen muchas fuentes de ingreso adicionales –la mayoría de ellas involucran a tierra y propiedades—así que si se quieren dar el gusto ¡Adelante!

 


La realidad es que ahorita las tierras frente al mar están muy valoradas, aunque mucha gente piensa que invertir en ellas es un desperdicio porque “se está metiendo el mar” y en unos 30 años no se sabe si van a existir los terrenos que compren debido al cambio climático. “Eso de que el mar se mete en las playas yucatecas lo he escuchado desde chica” dijo en alguna ocasión una querida tía de cariño que hoy tendría sus 95 años.
La tía en cuestión heredó unos terrenos en las cercanías de la hacienda Petcanché, que en su época (década de 1950) eran las afueras de la ciudad. Cuando decidió vender 30 años después, curiosa comparó cantidades y descubrió que habían incrementado su valor a 5 veces más de lo que valían en su momento.


Si nos ponemos a analizar, esto de las herencias son regalos que nos manda Dios, pero no nos podemos esperanzar de ellas para vivir el resto de nuestras vidas. Sabiamente podríamos tomar el ejemplo de los judíos quienes no se enfocan sólo en recibir herencias, sino en mantenerlas y hacerlas crecer. Los judíos son gente que nunca pasa por penurias económicas, tienen una cultura en cuanto a ahorro e inversiones definida y disciplinada, en ella se cuenta la regla de “Los Tres Tercios”, donde se especifica que el dinero se debe de dividir en tres partes: Tierra, negocios y liquidez. La idea es tener un flujo duradero de tu economía.
Esto me lo contó una vieja amiga, quien obtuvo como “regalo” unas tierras en la isla de Cancún, donde hoy se encuentra la zona hotelera.

 

 

Me relató que en un paisaje lleno de Cocoteros, entre el mar y la laguna, le preguntaron “¿Cuál terreno quieres? ¡Lo que quieras está a tu disposición!” y ella escogió una cantidad considerable, que logró vender años después a conocida cadena hotelera española.
Regresando a Mérida de ese viaje en los años 60 fue que conoció la regla de los tres tercios y años después, al vender esos terrenos, la aplicó en su vida financiera y la ha practicado hasta la fecha “Me la contó Teodoro, aquel judío que vendía cristalería y antigüedades en el centro. Él tenía la tradición de prestar un lazo de oro a meridanos que se iban a casar. Teodoro tenía gusto y trato exquisitos, además de plática interesante. Justo fui a buscar el lazo para la boda de mi hermano y me quedé platicando por cerca de dos horas con él. Fue cuando me contó la regla de Los Tres Tercios. La plática incluyó la aplicación de la misma desde la época de sus bisabuelos y como él la aplicaba en su vida diaria”.
Esta vieja amiga tiene, además de sus terrenos que los mueve cada determinado tiempo, un negocio de venta de artículos de importación y viaja anualmente a diversas partes del mundo. Cuenta con un buen orden del dinero y tuvo la dicha de recibir una buena suma en algún momento de su vida ¿Qué pasa con los que no reciben este tipo de oportunidades? ¿Será la clave el trabajar duro?

 

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Jueves, 20 Septiembre 2018 14:18

La tierra, el futuro está en la tierra.

La virtud de invertir en tierras a tiempo

 

Desde pequeño he escuchado el tema de bienes raíces, recuerdo que fueron dos de las primeras palabras que gustaba de leer cada vez que pasábamos por “la Glorieta de Pepe Mena”: “Grupo Urba, Bienes Raíces”, justo en donde hoy se encuentra Farmacias del Ahorro en la Colonia México. Hoy la casa de Pepe Mena, que le da coloquialmente el nombre a la Glorieta se está vendiendo y “Grupo Urba” es ahora “Grupo Nicxa” y se dedica a manejar franquicias restauranteras.

Alimento y vivienda, dos necesidades básicas del ser humano, los cuales su consumo ha propiciado crear emporios gigantescos, no hace mucho un amigo propietario de un emporio gasolinero (otra necesidad básica del ser humano) me dijo: “¡La tierra, la tierra! ¡El futuro está en la tierra!” y ciertamente no se equivoca, es algo que vengo escuchando desde chico. Mi abuelito dijo una vez en camino a Progreso “Estos terrenos los compró el pariente a peso”, era la época de los “nuevos pesos”, y yo en mi imaginación de niño, pensé que todos esos matorrales (Cada vez menos frecuentes) que rodean la carretera Mérida – Progreso, tenían líneas imaginarias y cada espacio costaba una de las monedas con número que vinieron a sustituir a las de Sor Juana de mil pesos.

Al poco tiempo me aclararon que era una manera de referirse a que los terrenos estaban muy baratos, y yo muy inepto pregunté “¿Y para qué quiere tantos terrenos el pariente?”. La respuesta fue tremenda carcajada (como muchas veces pasó en mi niñez), hoy vengo a entender que más allá de una burla, la risa esconde infinidad de respuestas en nuestro lenguaje de adultos que cuando niños no entendemos, y que deberíamos de ser instruidos con un lenguaje claro y no con risas por nuestras ocurrencias. La respuesta con moraleja idónea la veo hoy, a más de 25 años de distancia, el pariente nunca ha pasado penurias económicas.

Contó con la sapiencia de comprar y vender esos terrenos “de peso” justo en el momento seguro, en el cual aumentaban su valor a más de un 200%. Y no sólo es el caso de él, hace tiempo, refiriéndose a unas áreas cercanas a esos terrenos del pariente, escuché el comentario de otro gran inversionista “Si hubiéramos vendido después de la crisis esos terrenos rumbo a Progreso, ni mis tataranietos tendrían que trabajar como yo”. Toda esta gente ha sabido moverse, invertir en tierras ¿Cuándo lo vamos a hacer nosotros?

 

Invierte ahora, no después

 

La vida no se compone de filosofadas interminables en cafés rellenables en Vips, volviendo en ocio el tiempo libre que tenemos lamentándonos de nuestros problemas económicos nunca poniéndonos solución. ¿Cuál será el camino si lo que menos tengo es dinero? ¿Me servirá ahorrar y cerrar un poco la boca para después invertir? ¡La tierra es para los ricos! ¿No ya estoy muy viejo para eso? ¿No lo tendrán que hacer mis hijos? ¿En qué voy a invertir si no se hacer nada? ¿Será que yo reciba una herencia y ya no tenga que preocuparme por trabajar? ¿Es necesario tener una profesión?

Mi abuelo ni siquiera termino la primaria. Las respuestas a estas preguntas las irás descubriendo eventualmente, no hay un modelo de vida hecho, cada quien encuentra su traje a la medida y en eso se encuentra la riqueza del ser humano. Por lo pronto, contaremos algunas anécdotas con moraleja que te ayudarán a planear mejor tu futuro, teniendo como centro la realización personal a través de la tierra. “No tengo un quinto” Clama el dicho, y mucha gente lo repite, es consecuencia de las crisis económicas que vivimos. Mi padre decía que la solución a esto era ponerse a trabajar. Su respuesta no distaba de la realidad, él trabajaba mucho, pero eso no era garantía de que tuviera una tranquilidad económica todo el tiempo, como muchos vivía con altas y bajas en diferentes etapas de su vida. Luchó por darnos lo mejor siempre a costa de lo que fuera, su felicidad era nuestra felicidad, pero a años de distancia puedo entender que mi padre sacrificó mucho, y podría sacrificarme yo con más trabajo con tal de tenerlo con vida.

Mi padre no erró en trabajar, tenía una vocación, dos profesiones, las cuales interpretaba olímpicamente siempre haciendo gala de sus relaciones públicas, trabajo nunca le faltó ¿En dónde estuvo su error? Sendos regaños me proporcionaba cuando se me olvidaba algo o no llevaba yo una agenda “Apúntalo entre tus pendientes”, me decía “No sabes como yo sufro ser desordenado”. Tras varias reflexiones dadas en muchos puedo encontrar que ahí fue donde el error se encontró. En el no ser ordenado, en el dejar las cosas para después, en el no detenerse y reflexionar, en el no ser analítico, en el no pedir ayuda, en preservar la inercia laboral y no salir de las zonas de confort. Y esto lo pude ver en el caso de un terreno que compró en 1981 “Al rato lo veo”, decía, refiriéndose a la legalización.

 

 

Las ventajas de invertir, pensando a futuro.

 

Nunca se ocupó de ello debido a su desorden y porque no le veía un futuro próximo. Hoy, ese terreno vale millones de pesos y se ubica en Periférico Norte. El hubiera no existe, pero la inercia laboral mató algunas aspiraciones. La inercia laboral No puedo hacer culpable a alguien de las cosas que me pasan, y en el caso de mi padre no puedo juzgar la educación que me dio, porque lo hizo de la mejor manera posible, pero si soy responsable de como reacciono ante lo que me sucede, que moralejas tomo como enseñanza aplicado a mi vida y que cosas desecho. Mucha de la educación que recibió él, y que es mucha de la que recibimos los “pre” millenials, está enfocada en la inercia laboral sin la cultura de la inversión ¡Y mucho menos en tierras! La idea es tener un trabajo constante y que suene la caja con lo necesario, “Me jubilo bien y ya estuvo” ¿Te has puesto a pensar que los sistemas de jubilación pueden desaparecer? ¿Has visto cómo está la situación del país? ¿Has tenido en cuenta que esa inercia laboral te puede consumir o agarrar desprevenido? A un amigo mío la está agarrando, un empleo de 12 años con horario burocrático. Dos Mercedes Benz en la puerta de su mansión, cuatro bocas que alimentar con caviar porque así los acostumbró. Lo atropelló la inercia laboral, nunca invirtió y ahorita lucha con su ego clamando por un trabajo que le permita mantener su nivel de vida. Pensó que el empleo sería eterno, espero en Dios salga avante de este bache.

Pero ¿Cuál es el “meollo” del asunto? ¡No invirtió! Bien me dijo un tío de cariño el otro día “¡Cuando hay, tenemos que guardar e invertir!”, mientras un conocido soltero me dijo “Yo ahorro el 60% de mi sueldo y lo destino a terrenos y otro tipo de inversiones” ¡Cuánta sabiduría pude encontrar en estos comentarios! El propósito de compartirlos es que ninguno de mis amigos ¡Y mucho menos yo! Nos veamos atropellados por la inercia laboral y tengamos el hábito de la inversión y el ahorro. “5 dólares” Unos parientes de cariño se fueron hace varios años a Estados Unidos, el destino era Nueva York y el objetivo era mejorar su calidad de vida. El tío era egresado como Contador Público en la Academia Marden, una de las más prestigiosas de la época, pero el sueldo que recibía en una empresa privada no daba. La tía siempre había su sueño ir al vecino país del norte “Aunque sea limpiando casas, yo voy y trabajo” ¡Vaya que cumplió su sueño!

El tío se fue como avanzado y la tía llegó con el primo un 31 de diciembre a la ciudad de los rascacielos. Al poco tiempo, ella se enfiló trabajando en una fábrica de ropa, él como repartidor de una fábrica de alimentos, a la cual compraba a mayoreo y repartía en una camioneta a pequeños establecimientos. El trabajo para ambos transcurrió por más de 3 décadas, el tío continúa trabajando, la tía hace casi 25 que se jubiló, con todas las prestaciones que incluye la asistencia para retirados en el vecino país del norte, incluyendo servicios médicos, vivienda y alimentos. Vive holgadamente y tiene para ayudar a sus hijos, gracias al hábito del ahorro e inversión en propiedades. La fórmula fue sencilla: Cada semana que trabajó ahorró 5 dólares, cuando había la oportunidad, un poco más; de poco en poco pudo juntar una cantidad suficiente que le sirvió para comprar un terreno a las afueras de Mérida.

Al poco tiempo lo vendió, con el objetivo de darse el gusto de un viaje con sus hijos a un lujoso hotel de la Riviera Maya. El viaje se dio y sobró cierta cantidad que se invirtió en otro terreno para rentar, lo cual implicaba una mensualidad para vivir aún más holgada. Hoy, a sus más de 80 años, sigue en la búsqueda de oportunidades de inversión en terrenos y propiedades. Todo gracias al hábito del ahorro. ¿Estamos conscientes que de poco podemos hacer mucho? ¿Por qué no ahorramos e invertimos como la tía? Ciertamente ella no se esperanzó de la jubilación para tener una mejora económica. Tuvo la dicha de dedicarse a trabajar en una empresa que elaboraba productos de primera necesidad, como lo es la ropa, en un país que tiene una economía laxa. Y cuando le tocó retirarse, bien pudo dedicarse a despilfarrar y disfrutar, pero no, ella ha buscado siempre la manera de ser productiva, es por eso que ahora vive sana y relajada, con una mente adaptable y brillante. Vivir modestamente Tampoco por ahorrar e invertir en tierra vamos a vivir miserablemente.

Un señor de origen libanés llegó a Veracruz en barco huyendo de la persecución otomana, sus raíces venían de una familia humilde. Sólo y sin dinero, llegó a Ciudad de México y se puso a vender telas a manera de abonos, contó con el apoyo de una comunidad de paisanos recién llegados como él, quienes eventualmente prosperaron gracias al ahorro en inversión en propiedades en puntos estratégicos. Siguió el ejemplo, pero mientras los otros lograron tener una mejor calidad de vida, él le rehuyó a la modernidad y lujos, decía que era una manera de malgastar el dinero. Vivió hasta sus últimos días en el cuarto piso de un edificio, iluminado con dos bombillos, comiendo y vistiéndose de la manera más sencilla, viendo cómo hacer inversiones en terrenos que le proporcionaran cada vez más dinero, según él, para no volver a ser pobre. Sus hijos cuentan que el papá con tal de ahorrar, utilizaba la misma agua de la tina para que toda la familia se bañara y cada día la cambiaba. Ya viviendo él sólo con su esposa, el agua podría durar varios días. Siempre renegaba de asistir a restaurantes cuando sus hijos lo invitaban, porque no compartía su ideología, la mente era fija en ahorrar en exceso en invertir en tierras.

La respuesta a esta obsesión era que pensaba que cosas tan básicas como el agua se podía gastar, y que el futuro siempre estaba en la tierra, pero había que ganarla antes que otro más sabio que él lo hiciera. Cuando nos referimos a la cultura del ahorro, no podemos llegar al exceso, muchas veces tenemos el dinero suficiente para vivir y comer bien, pero nos encanta andar con zapatos rotos porque tenemos miedo de gastar en algo superfluo, y pensamos que el dinero se va a acabar. Todo esto es consecuencia de las carencias que hemos vivido previamente ¿Por qué no nos damos la oportunidad de vivir modestamente? Ciertamente los lujos para otros pueden ser desperdicio de dinero para nosotros, pero ¿Por qué? Tratemos de vivir tranquilamente, planeemos nuestra economía de manera que lo podamos hacer. Modestamente, con los lujos necesarios, de una manera sencilla. Mi lujo: Una inversión, pero ¡con cuidado! Un doctor en neurociencia comentó una vez que su lujo era siempre una inversión en terrenos, y hay gente que sabe en qué momento dársela y aprovechar las oportunidades como algunos de los casos anteriores.

 

 

Invertir y vender en el momento justo

 

Si bien en el currículum de grandes investigadores y descubridores siempre vas a encontrar el caso de la inversión de propiedades como una constante ¿Por qué? La respuesta es sencilla, vender en el momento justo de la ganancia acorde a tus necesidades y aspiraciones. Es importante ver las proyecciones de las áreas, buscar asesoría, contar con la visión y saber en qué momento se podrá lograr un buen acuerdo, también es importante vender cuando se compra y no creernos lo primero que nos dicen y actuar con el hígado o el corazón, con la adrenalina a todo lo que da. Así le pasó a un conocido mío con unos terrenos en Cancún, en los años setenta un charlatán le dijo que era la oportunidad de invertir en cierta zona. Él trabajaba para el gobierno de Yucatán en aquel entonces y tenía buen flujo de dinero, movido por las palabras del charlatán, le dio el dinero que tenía en ese momento como enganche y le estuvo pagando mensualmente por varios meses.

La realidad es que la zona estaba prohibido venderla, ya que era propiedad de la nación. Con puro papel falso, mi conocido fue estafado en una época en la que no se tenía el conocimiento ni la información como ahora, vio millones de pesos en un futuro para darles como herencia a sus hijos. Él se dio cuenta algunos años después de que había saldado, cuando fue a reclamar el lote para salir adelante de una crisis, se quedó sin su dinero y le fue muy difícil salir del bache en el que se encontró. El charlatán ya había fallecido, así que no había a quien culpar ni reclamar con papeles falsos. Es importante pedir consejo y contar con buenos asesores para estos efectos, no quedarse con la opinión de uno, ya que invertir en un terreno no son dos pesos. Las cuestiones de riesgo sobre especulación son peligrosas, por no querer hacer las cosas bien o dejarse llevar e intentar hacer una mala jugada sacando provecho, podemos salir perjudicados.

 

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