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Jueves, 20 Septiembre 2018 14:18

La tierra, el futuro está en la tierra.

La virtud de invertir en tierras a tiempo

 

Desde pequeño he escuchado el tema de bienes raíces, recuerdo que fueron dos de las primeras palabras que gustaba de leer cada vez que pasábamos por “la Glorieta de Pepe Mena”: “Grupo Urba, Bienes Raíces”, justo en donde hoy se encuentra Farmacias del Ahorro en la Colonia México. Hoy la casa de Pepe Mena, que le da coloquialmente el nombre a la Glorieta se está vendiendo y “Grupo Urba” es ahora “Grupo Nicxa” y se dedica a manejar franquicias restauranteras.

Alimento y vivienda, dos necesidades básicas del ser humano, los cuales su consumo ha propiciado crear emporios gigantescos, no hace mucho un amigo propietario de un emporio gasolinero (otra necesidad básica del ser humano) me dijo: “¡La tierra, la tierra! ¡El futuro está en la tierra!” y ciertamente no se equivoca, es algo que vengo escuchando desde chico. Mi abuelito dijo una vez en camino a Progreso “Estos terrenos los compró el pariente a peso”, era la época de los “nuevos pesos”, y yo en mi imaginación de niño, pensé que todos esos matorrales (Cada vez menos frecuentes) que rodean la carretera Mérida – Progreso, tenían líneas imaginarias y cada espacio costaba una de las monedas con número que vinieron a sustituir a las de Sor Juana de mil pesos.

Al poco tiempo me aclararon que era una manera de referirse a que los terrenos estaban muy baratos, y yo muy inepto pregunté “¿Y para qué quiere tantos terrenos el pariente?”. La respuesta fue tremenda carcajada (como muchas veces pasó en mi niñez), hoy vengo a entender que más allá de una burla, la risa esconde infinidad de respuestas en nuestro lenguaje de adultos que cuando niños no entendemos, y que deberíamos de ser instruidos con un lenguaje claro y no con risas por nuestras ocurrencias. La respuesta con moraleja idónea la veo hoy, a más de 25 años de distancia, el pariente nunca ha pasado penurias económicas.

Contó con la sapiencia de comprar y vender esos terrenos “de peso” justo en el momento seguro, en el cual aumentaban su valor a más de un 200%. Y no sólo es el caso de él, hace tiempo, refiriéndose a unas áreas cercanas a esos terrenos del pariente, escuché el comentario de otro gran inversionista “Si hubiéramos vendido después de la crisis esos terrenos rumbo a Progreso, ni mis tataranietos tendrían que trabajar como yo”. Toda esta gente ha sabido moverse, invertir en tierras ¿Cuándo lo vamos a hacer nosotros?

 

Invierte ahora, no después

 

La vida no se compone de filosofadas interminables en cafés rellenables en Vips, volviendo en ocio el tiempo libre que tenemos lamentándonos de nuestros problemas económicos nunca poniéndonos solución. ¿Cuál será el camino si lo que menos tengo es dinero? ¿Me servirá ahorrar y cerrar un poco la boca para después invertir? ¡La tierra es para los ricos! ¿No ya estoy muy viejo para eso? ¿No lo tendrán que hacer mis hijos? ¿En qué voy a invertir si no se hacer nada? ¿Será que yo reciba una herencia y ya no tenga que preocuparme por trabajar? ¿Es necesario tener una profesión?

Mi abuelo ni siquiera termino la primaria. Las respuestas a estas preguntas las irás descubriendo eventualmente, no hay un modelo de vida hecho, cada quien encuentra su traje a la medida y en eso se encuentra la riqueza del ser humano. Por lo pronto, contaremos algunas anécdotas con moraleja que te ayudarán a planear mejor tu futuro, teniendo como centro la realización personal a través de la tierra. “No tengo un quinto” Clama el dicho, y mucha gente lo repite, es consecuencia de las crisis económicas que vivimos. Mi padre decía que la solución a esto era ponerse a trabajar. Su respuesta no distaba de la realidad, él trabajaba mucho, pero eso no era garantía de que tuviera una tranquilidad económica todo el tiempo, como muchos vivía con altas y bajas en diferentes etapas de su vida. Luchó por darnos lo mejor siempre a costa de lo que fuera, su felicidad era nuestra felicidad, pero a años de distancia puedo entender que mi padre sacrificó mucho, y podría sacrificarme yo con más trabajo con tal de tenerlo con vida.

Mi padre no erró en trabajar, tenía una vocación, dos profesiones, las cuales interpretaba olímpicamente siempre haciendo gala de sus relaciones públicas, trabajo nunca le faltó ¿En dónde estuvo su error? Sendos regaños me proporcionaba cuando se me olvidaba algo o no llevaba yo una agenda “Apúntalo entre tus pendientes”, me decía “No sabes como yo sufro ser desordenado”. Tras varias reflexiones dadas en muchos puedo encontrar que ahí fue donde el error se encontró. En el no ser ordenado, en el dejar las cosas para después, en el no detenerse y reflexionar, en el no ser analítico, en el no pedir ayuda, en preservar la inercia laboral y no salir de las zonas de confort. Y esto lo pude ver en el caso de un terreno que compró en 1981 “Al rato lo veo”, decía, refiriéndose a la legalización.

 

 

Las ventajas de invertir, pensando a futuro.

 

Nunca se ocupó de ello debido a su desorden y porque no le veía un futuro próximo. Hoy, ese terreno vale millones de pesos y se ubica en Periférico Norte. El hubiera no existe, pero la inercia laboral mató algunas aspiraciones. La inercia laboral No puedo hacer culpable a alguien de las cosas que me pasan, y en el caso de mi padre no puedo juzgar la educación que me dio, porque lo hizo de la mejor manera posible, pero si soy responsable de como reacciono ante lo que me sucede, que moralejas tomo como enseñanza aplicado a mi vida y que cosas desecho. Mucha de la educación que recibió él, y que es mucha de la que recibimos los “pre” millenials, está enfocada en la inercia laboral sin la cultura de la inversión ¡Y mucho menos en tierras! La idea es tener un trabajo constante y que suene la caja con lo necesario, “Me jubilo bien y ya estuvo” ¿Te has puesto a pensar que los sistemas de jubilación pueden desaparecer? ¿Has visto cómo está la situación del país? ¿Has tenido en cuenta que esa inercia laboral te puede consumir o agarrar desprevenido? A un amigo mío la está agarrando, un empleo de 12 años con horario burocrático. Dos Mercedes Benz en la puerta de su mansión, cuatro bocas que alimentar con caviar porque así los acostumbró. Lo atropelló la inercia laboral, nunca invirtió y ahorita lucha con su ego clamando por un trabajo que le permita mantener su nivel de vida. Pensó que el empleo sería eterno, espero en Dios salga avante de este bache.

Pero ¿Cuál es el “meollo” del asunto? ¡No invirtió! Bien me dijo un tío de cariño el otro día “¡Cuando hay, tenemos que guardar e invertir!”, mientras un conocido soltero me dijo “Yo ahorro el 60% de mi sueldo y lo destino a terrenos y otro tipo de inversiones” ¡Cuánta sabiduría pude encontrar en estos comentarios! El propósito de compartirlos es que ninguno de mis amigos ¡Y mucho menos yo! Nos veamos atropellados por la inercia laboral y tengamos el hábito de la inversión y el ahorro. “5 dólares” Unos parientes de cariño se fueron hace varios años a Estados Unidos, el destino era Nueva York y el objetivo era mejorar su calidad de vida. El tío era egresado como Contador Público en la Academia Marden, una de las más prestigiosas de la época, pero el sueldo que recibía en una empresa privada no daba. La tía siempre había su sueño ir al vecino país del norte “Aunque sea limpiando casas, yo voy y trabajo” ¡Vaya que cumplió su sueño!

El tío se fue como avanzado y la tía llegó con el primo un 31 de diciembre a la ciudad de los rascacielos. Al poco tiempo, ella se enfiló trabajando en una fábrica de ropa, él como repartidor de una fábrica de alimentos, a la cual compraba a mayoreo y repartía en una camioneta a pequeños establecimientos. El trabajo para ambos transcurrió por más de 3 décadas, el tío continúa trabajando, la tía hace casi 25 que se jubiló, con todas las prestaciones que incluye la asistencia para retirados en el vecino país del norte, incluyendo servicios médicos, vivienda y alimentos. Vive holgadamente y tiene para ayudar a sus hijos, gracias al hábito del ahorro e inversión en propiedades. La fórmula fue sencilla: Cada semana que trabajó ahorró 5 dólares, cuando había la oportunidad, un poco más; de poco en poco pudo juntar una cantidad suficiente que le sirvió para comprar un terreno a las afueras de Mérida.

Al poco tiempo lo vendió, con el objetivo de darse el gusto de un viaje con sus hijos a un lujoso hotel de la Riviera Maya. El viaje se dio y sobró cierta cantidad que se invirtió en otro terreno para rentar, lo cual implicaba una mensualidad para vivir aún más holgada. Hoy, a sus más de 80 años, sigue en la búsqueda de oportunidades de inversión en terrenos y propiedades. Todo gracias al hábito del ahorro. ¿Estamos conscientes que de poco podemos hacer mucho? ¿Por qué no ahorramos e invertimos como la tía? Ciertamente ella no se esperanzó de la jubilación para tener una mejora económica. Tuvo la dicha de dedicarse a trabajar en una empresa que elaboraba productos de primera necesidad, como lo es la ropa, en un país que tiene una economía laxa. Y cuando le tocó retirarse, bien pudo dedicarse a despilfarrar y disfrutar, pero no, ella ha buscado siempre la manera de ser productiva, es por eso que ahora vive sana y relajada, con una mente adaptable y brillante. Vivir modestamente Tampoco por ahorrar e invertir en tierra vamos a vivir miserablemente.

Un señor de origen libanés llegó a Veracruz en barco huyendo de la persecución otomana, sus raíces venían de una familia humilde. Sólo y sin dinero, llegó a Ciudad de México y se puso a vender telas a manera de abonos, contó con el apoyo de una comunidad de paisanos recién llegados como él, quienes eventualmente prosperaron gracias al ahorro en inversión en propiedades en puntos estratégicos. Siguió el ejemplo, pero mientras los otros lograron tener una mejor calidad de vida, él le rehuyó a la modernidad y lujos, decía que era una manera de malgastar el dinero. Vivió hasta sus últimos días en el cuarto piso de un edificio, iluminado con dos bombillos, comiendo y vistiéndose de la manera más sencilla, viendo cómo hacer inversiones en terrenos que le proporcionaran cada vez más dinero, según él, para no volver a ser pobre. Sus hijos cuentan que el papá con tal de ahorrar, utilizaba la misma agua de la tina para que toda la familia se bañara y cada día la cambiaba. Ya viviendo él sólo con su esposa, el agua podría durar varios días. Siempre renegaba de asistir a restaurantes cuando sus hijos lo invitaban, porque no compartía su ideología, la mente era fija en ahorrar en exceso en invertir en tierras.

La respuesta a esta obsesión era que pensaba que cosas tan básicas como el agua se podía gastar, y que el futuro siempre estaba en la tierra, pero había que ganarla antes que otro más sabio que él lo hiciera. Cuando nos referimos a la cultura del ahorro, no podemos llegar al exceso, muchas veces tenemos el dinero suficiente para vivir y comer bien, pero nos encanta andar con zapatos rotos porque tenemos miedo de gastar en algo superfluo, y pensamos que el dinero se va a acabar. Todo esto es consecuencia de las carencias que hemos vivido previamente ¿Por qué no nos damos la oportunidad de vivir modestamente? Ciertamente los lujos para otros pueden ser desperdicio de dinero para nosotros, pero ¿Por qué? Tratemos de vivir tranquilamente, planeemos nuestra economía de manera que lo podamos hacer. Modestamente, con los lujos necesarios, de una manera sencilla. Mi lujo: Una inversión, pero ¡con cuidado! Un doctor en neurociencia comentó una vez que su lujo era siempre una inversión en terrenos, y hay gente que sabe en qué momento dársela y aprovechar las oportunidades como algunos de los casos anteriores.

 

 

Invertir y vender en el momento justo

 

Si bien en el currículum de grandes investigadores y descubridores siempre vas a encontrar el caso de la inversión de propiedades como una constante ¿Por qué? La respuesta es sencilla, vender en el momento justo de la ganancia acorde a tus necesidades y aspiraciones. Es importante ver las proyecciones de las áreas, buscar asesoría, contar con la visión y saber en qué momento se podrá lograr un buen acuerdo, también es importante vender cuando se compra y no creernos lo primero que nos dicen y actuar con el hígado o el corazón, con la adrenalina a todo lo que da. Así le pasó a un conocido mío con unos terrenos en Cancún, en los años setenta un charlatán le dijo que era la oportunidad de invertir en cierta zona. Él trabajaba para el gobierno de Yucatán en aquel entonces y tenía buen flujo de dinero, movido por las palabras del charlatán, le dio el dinero que tenía en ese momento como enganche y le estuvo pagando mensualmente por varios meses.

La realidad es que la zona estaba prohibido venderla, ya que era propiedad de la nación. Con puro papel falso, mi conocido fue estafado en una época en la que no se tenía el conocimiento ni la información como ahora, vio millones de pesos en un futuro para darles como herencia a sus hijos. Él se dio cuenta algunos años después de que había saldado, cuando fue a reclamar el lote para salir adelante de una crisis, se quedó sin su dinero y le fue muy difícil salir del bache en el que se encontró. El charlatán ya había fallecido, así que no había a quien culpar ni reclamar con papeles falsos. Es importante pedir consejo y contar con buenos asesores para estos efectos, no quedarse con la opinión de uno, ya que invertir en un terreno no son dos pesos. Las cuestiones de riesgo sobre especulación son peligrosas, por no querer hacer las cosas bien o dejarse llevar e intentar hacer una mala jugada sacando provecho, podemos salir perjudicados.

 

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Jueves, 30 Agosto 2018 14:51

Entre la vida citadina y la paz del campo

Entre la vida citadina y la paz del campo: El doctor León Castellanos  

 

Vivir en una privada de lotes urbanizados al norte de Mérida era impensable hace 30 años. 34 años atrás, los esposos Arturo Castellanos Ruelas y Alicia Jankiewicz decidieron establecerse en la ciudad y eligieron un sitio a las afueras, específicamente La Ceiba, sede de un club de gold rodeada de un área residencial. Era una época en la que casi no había servicios en la zona y resultó ser una grata experiencia de vida, sobre todo para sus hijos León, Ashley y Alec, quienes crecieron en medio del campo yucateco.
Platicamos con el mayor de ellos, León, quien ahora es doctor en Derecho Internacional y se encuentra trabajando proyectos posdoctorales en Holanda siguiendo el ejemplo de sus padres, quienes trabajaron en el ámbito académico universitario. Su alma máter es la Universidad Anáhuac Mayab, casualmente muy cerca de su hogar. Sin más, en un momento de su apretada agenda, el ahora doctor abre el baúl de sus recuerdos y nos relata en entrevista sus vivencias en medio del bosque yucateco.

 

 

Cuéntanos ¿De qué año a qué año viviste en este complejo?

“Viví en La Ceiba desde recién nacido hasta los 23 años, cumplidos los cuales emigré a Suiza para comenzar mis estudios de maestría en Derecho Internacional”.

 


¿Cómo es que tus padres eligieron Mérida y en específico La Ceiba para vivir?

“Tras vivir en Mérida durante los primeros años de su matrimonio, mis padres se enteraron de que Don Omar G. Díaz y Díaz estaba vendiendo su casa en La Ceiba. El conocido empresario yucateco estaba entre los socios fundadores del Club de Golf y su respectiva privada. La Ceiba no contaba siquiera con cincuenta familias para esas fechas, pues ésta se encontraba bastante lejos de Mérida. Ello, aunado a los términos razonables de Don Omar, hicieron que la casa fuera asequible para una pareja joven hacia 1984, cuando mis padres compraron el inmueble”.

 

 

¿Cuáles son tus primeros recuerdos de vivir en un bosque yucateco?

“Recuerdo los grandes espacios, la tranquilidad, la confianza con los vecinos y la generosidad de los trabajadores que venían, en su mayoría, de pueblos aledaños como Chablekal y Conkal”.


¿Cuáles eran tus áreas preferidas cuando salías a jugar de niño? ¿Qué juegos hacían? ¿Con quién te llevabas?

“Todos los niños teníamos bicicletas y por las tardes explorábamos la privada: rondábamos los campos de golf, la ciclopista del parque y por supuesto el ‘monte’. Me encantaba treparme a los árboles para bajar mangos, huayas y ciruelas. Conocía a todos mis vecinos y durante el verano las puertas de nuestras casas estaban siempre abiertas, sin cerrojos. Jugábamos a construir fortalezas en los terrenos baldíos o en construcción. Nadie nos regañaba por estar invadiendo la propiedad privada, pues éramos niños”.

 

 

“Rondábamos los campos de golf, la ciclopista del parque y por supuesto el ‘monte’. Me encantaba treparme a los árboles para bajar mangos, huayas y ciruelas”.


¿Qué beneficios tu veías en aquel entonces cuando niño que tu tenías al vivir en una privada residencial en medio del bosque yucateco que a lo mejor tus compañeros de la escuela no tenían?

“Vivir fuera de Mérida me dio una sensación muy especial, pues aprecié mucho el espíritu comunitario de la privada a pesar de estar apartado de facilidades citadinas. Además, la seguridad del sitio les permitió a mis padres darme la libertad de poder salir de casa y ofrecerme un espacio enorme para jugar y hacer amigos. La ausencia de tráfico y comercios también nos permitió crecer en un ambiente idealizado. Todo ello, sin que la ‘realidad’ de Mérida estuviese muy lejos”.

 

“La ausencia de tráfico y comercios también nos permitió crecer en un ambiente idealizado. Todo ello, sin que la ‘realidad’ de Mérida estuviese muy lejos”



¿Te sentías en un área segura? ¿Disfrutabas estar en un espacio con el que a lo mejor otros no contaban?

“Por supuesto. La extensión del lugar me permitió entamar una relación muy cercana con la naturaleza, incluidos plantas y animales. En cierto sentido, ello me ofreció una educación y una conciencia ecológicas que difícilmente pudiese haber aprehendido creciendo en la ciudad”.

 

 


¿Qué se sentía vivir en una casa sin bardas y en un terreno irregular al estilo el norte de los Estados Unidos?

“La confianza con los vecinos era total y eso me llenaba de seguridad como niño. Todos nos conocíamos y sabía que si tuviese algún problema estaba siempre en buenas manos. Tanto los padres de familia como los trabajadores del Club, al igual que los jardineros y vigilantes de la privada, cuidaban de todos nosotros”.


¿Notabas mucho los árboles y naturaleza que te rodeaba? ¿Qué era lo que más te llamaba la atención?

“Recuerdo mucho el gran espacio. Habiendo vivido en ciudades Europeas desde hace diez años, en donde casi nadie tiene jardín, recuerdo las grandes extensiones de mi infancia con nostalgia: Los cielos abiertos y las noches estrelladas, descontaminadas de iluminación y al mismo tiempo seguras”.


¿Te importaba vivir lejos de la ciudad en aquel entonces?

“No, al contrario: estaba consciente de tener acceso al contraste entre ciudad y naturaleza. Además, lo consideraba un privilegio ya desde muy chico”.


Ya como adolescente y universitario, te tocó que los servicios de la ciudad estuvieran más cerca ¿Cómo sentías este cambio? ¿Cuáles son tus primeros recuerdos de que la civilización se acercaba cada vez más a tu casa?

“Es un proceso inevitable que, como dices, coincidió con mi adolescencia, lo cual fue bastante conveniente. La ciudad creció rápidamente en esos años y también la privada. Afortunadamente, se mantuvo el espíritu comunitario entre mis amigos y vecinos, aunque han llegado nuevas generaciones que ya no conozco. Esto es normal, pero aún creo que es posible mantener el espíritu comunitario de la privada a pesar de la cercanía de la ciudad. Para ello, deben tomarse decisiones concertadas por parte de los residentes que quieran crear ese ambiente de confianza. Por ejemplo, en los años noventa nuestra comunidad decidió construir una capilla y un parque; estos proyectos fortalecieron los lazos entre los residentes mientras que la ciudad se expandía”.


¿Influyó el crecimiento de la ciudad en la tranquilidad del lugar en el que vivías? ¿O mejoró la experiencia de vivir ahí?

“Nada cambió de forma radical, excepto la llegada de nuevas familias y residentes. Naturalmente, hay más servicios y facilidades cerca pero la privada ha mantenido su integridad a través de la imposición de una estética arquitectónica para nuevas construcciones, la exclusión de negocios comerciales y el impedimento al tráfico automovilístico externo”.

 

“La privada ha mantenido su integridad a través de la imposición de una estética arquitectónica para nuevas construcciones, la exclusión de negocios comerciales y el impedimento al tráfico automovilístico externo”


Por último ¿Por qué recomendarías a una familia un lugar apartado de la ciudad en medio del campo yucateco como la opción ideal para crecer sus sueños?

“Combinar la vida citadina con la paz del campo presenta grandes ventajas y posibilidades de crecimiento personal para cualquier familia. Aunado a la seguridad y al espacio que ya mencioné, quiero resaltar la sensibilidad que los niños desarrollan respecto de sus entornos naturales y sociales. Sin menospreciar la vida citadina, quiero enfatizar que la diversidad que ofrece una vida apartada del urbanismo puede enriquecer la vida de la familia mientras que ofrece muchas oportunidades de diversión y convivencia sanos”. 

 

 

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Las bondades de vivir en Punta Misné

 

 

Enclavada al norte de Mérida y cercano a la carretera a Progreso, Punta Misné se perfila como uno de los complejos de lotes residenciales Premium más prometedores de la zona. En este artículo te explicaremos algunos de los beneficios que significa comprar un terreno de este espacio inmobiliario, ya sea para vivir o invertir.  

¿Por qué nos llamamos Punta Misné?

 


Traducido al español del maya, “Misné” significa “Cola de Gato” o “Cola de Jaguar” y es el nombre que se le ha dado a diversas localidades de Yucatán, entre ellas las exhaciendas henequeneras Misné, que hoy funciona como hotel en el oriente de la ciudad y Misné-Balam, ubicada en la carretera Mérida-Progreso, que hoy encierra ciertas leyendas y aires de misticismo.
Es justo en la cabecera de esta última, cercana a las zonas de Paraíso y Sac-Nicté, a unos cuantos kilómetros del Autódromo Yucatán, que se encuentra “Punta Misné”, complejo de lotes residenciales premium a la orden de quienes quieren vivir con armonía y seguridad en un ambiente exclusivo.

 

¿Por qué vivir en medio de una carretera al norte de Mérida?

 


La zona norte de Mérida se encuentra en constante desarrollo desde hace décadas, ha adquirido el prestigio de ser el área con mayor plusvalía de la ciudad. Entre sus miras siempre se ha extendido avistando a Progreso, como en su momento Puebla avistó a Cholula hasta que le carretera se convirtió en una amplia avenida fusionándose en una misma ciudad. Se pronostica que lo mismo pasará con la carretera Mérida-Progreso.


Justamente en esta futura gran avenida, se ubican centros comerciales como Vía Montejo y agencias de automóviles como Hyundai y BMW, concesionadas por el grupo automotriz Farrera Península en Mérida. También cuenta con accesos a centros educativos, clubes y foros de espectáculos. Entre ellos se encuentran el Yucatán Country Club, Colegio Madison, Universidad Anáhuac Mayab, Club de Golf La Ceiba, Coliseo Yucatán, Yucatán Polo Club y Autódromo Yucatán, entre otros.
A unos cuantos kilómetros de este último, se ubica Punta Misné que, aunado a la cercanía con los sitos mencionados anteriormente, hacen del complejo de lotes residenciales premium el sitio perfecto para iniciar una nueva vida, lejos del bullicio de la ciudad con todos los servicios. Además de ello, por la proyección de la ciudad, hacen que la plusvalía del sitio se encuentre en constante ascenso, por lo que adquirir un lote en Punta Misné resulta una buena opción de inversión a corto y mediano plazo.



¿Me quedan cerca supermercados y hospitales?

 


El Hospital Faro del Mayab, único de tercer nivel en Mérida y parte de la Red Médica Sur, se encuentra a poco más de 30 minutos de Punta Misné, al igual que Star Médica, ubicado en la zona de Altabrisa. Ambos son hospitales privados pertenecientes a consorcios nacionales y ofrecen servicios de salud de la mejor calidad.
De la misma manera, las cadenas de supermercados Akí, Bodega Aurrera y Costco tienen sucursales a la misma distancia para las compras grandes; para las pequeñas, la futura gran avenida tiene varios Oxxos y Seven Eleven, además de tiendas de conveniencias locales como el Super Oxpé, que marca justo el camino desde la carretera para dirigirse a Punta Misné.

 

¿A cuánto me queda la playa? ¿Puedo ir con mis hijos?


A poco menos de 20 minutos, la ciudad y puerto de Progreso se pone a disposición de los habitantes de Punta Misné ofertando sus tranquilas playas, gastronomía y brisa marina, además de historia y actividades ecoturísticas. Vivir en Punta Misné es ideal para aquellos que gustan de practicar deportes acuáticos como la pesca y windsurf, gracias a la cercanía con el puerto principal de Yucatán y otros poblados de la costa como Chele, Chuburná, Telchac y Sancrisanto.

Espera nuestras próximas notas, en la cual responderemos a tus preguntas y contaremos la variedad de beneficios que te trae comprar, ya sea para vivir o invertir, un lote residencial en Punta Misné.

 

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